Retomamos el tablón de JLin con un nuevo y más tradicional formato.
miércoles, 15 de marzo de 2023
lunes, 12 de diciembre de 2022
El autosuicidio de Tale Colante... un anticipo de mi próximo libro.
En unos meses espero tener publicada mi primera novela, un delirio sin sentido que seguro os va a encantar, os dejo un anticipo que no será el último...
"Llevaba empinando el codo desde hacía más de dos horas así que se levantó como buenamente pudo y tambaleante abrió la portezuela de aquel inmundo barracón al que alguien, estirando el concepto de eufemismo al máximo, había decidido llamar bungaló. El dueño del camping, el mismo que le había colocado hasta la última botella de aquel licor asqueroso que nadie quería, estaba allí plantado con cara de pocos amigos.
—¿Señor Colante? —se
trataba de un tipejo de aspecto deleznable que olía a rancio. Bizco, con un
pelo lacio y grasiento que se le pegaba a la frente sudorosa, barba de cinco
días y un muñón donde debía estar la mano izquierda. Es de suponer que el hecho
de ser manco le tenía amargado y esa era la fuente de su permanente antipatía. Lo
del olor se debía simplemente a que el sujeto era un guarro de tomo y lomo que
no se acercaba al agua ni para beberla.
—Sí, dígame, señor
Raboprieto —A Tale aquel hombre, como todos los hombres de aspecto infame, le
daba un poco de miedo.
—En mi oficina hay
un individuo que pregunta por su señora —Grumo Raboprieto observaba con
desprecio a aquel borracho indecoroso que le había abierto la puerta con cara
de pasmo y ojos resacosos. Pese a todo había decidido avisarle y es que no era
tan mala persona como los demás creían —. En mi humilde opinión debería usted hablar
con él.
—¿Yo por qué? ¿No
dice que pregunta por mi esposa?
—Así es, pero me
parece a mí que se la quiere cepillar.
—¿Que se quiere
cepillar qué? —preguntó Tale buscando con la mirada su botella de hidromiel.
Para variar no había entendido nada de lo que le decían.
—A su mujer.
—¿Cariño, quieres
cepillar algo? —gritó Tale mientras el señor Raboprieto se llevaba la mano a la
cara suspirando.
Aquel imbécil era el único
ser humano capaz de estar borracho y resacoso al mismo tiempo y aquello
acentuaba su estupidez de manera lamentable.
—Señor Colante le
estoy diciendo que hay un hombre en mi oficina que tiene toda la pinta de ser
el amante de su mujer.
Tale seguía
mirándole con la misma cara de alelado ignorante.
—¡Que se la quiere
follar! —gritó desesperado el gerente del camping.
—¿A quién? —replicó
Tale sobresaltado.
—Señor Colante, ¿Habla
usted mi idioma? ¿Entiende algo de lo que le digo? —preguntó Grumo desesperado.
Al fin y al cabo, qué le importaba a él lo que aquella furcia desgraciada
hiciese.
—Sí, sí.
—Sí, sí ¿qué?
—Que sí, que hablo
su idioma.
—Si usted lo dice.
—Lo digo, lo digo
—afirmó Tale tremendamente confundido. No quería parecer tonto, pero se había
olvidado qué narices hacía el señor Raboprieto en su barracón. Le dolía mucho
la cabeza y tenía la boca igual de seca y pastosa que aquella vez que se comió
un bocadillo de polvorones con harina.
—Olvídelo. Le diré
a ese tipo que venga para acá y ya se apaña usted con él."
miércoles, 2 de marzo de 2022
Democracia: ¿norma o excepción?
domingo, 27 de febrero de 2022
Diezmar: están locos estos romanos
Cuando Obélix dice eso de “están locos estos romanos” no le falta
razón y es que para algunas cosas los romanos eran un poquito brutos. Si sus
legiones fueron invencibles durante varios siglos fue, en gran medida, por la
férrea disciplina que demostraban en batalla y ello se debía tanto a la buena
preparación de los legionarios fruto de una vida dedicada al servicio militar,
como a los durísimos castigos que debían afrontar en caso de incumplimiento del
deber.
Los castigos físicos eran muy
habituales y las faltas más leves eran castigadas con azotes propinados por el
centurión con su vitis, una vara
corta hecha de sarmiento de parra. El centurión tenía potestad para decidir que
se consideraba falta leve con lo que tenía bastante manga ancha a la hora de
castigar. Para penas mayores, especialmente de muerte, se precisaba la
aprobación de oficiales superiores. Si un soldado abandonaba su guardia o se
quedaba dormido era condenado a muerte por apaleamiento o lapidación. Los
ejecutores eran, además, sus propios compañeros cuyas vidas había puesto en
peligro el infractor. Se repartían unas varas de madera entre los legionarios,
el sentenciado era despojado de sus ropas y, desnudo, era rodeado por los
demás. En cuestión de minutos era molido a palos hasta morir. Las deserciones se castigaban
con igual dureza pero con una muerte considerada indigna, la crucifixión. Con
semejantes castigos es fácil suponer que las deserciones o incumplimientos del
servicio se redujeron a la mínima expresión en el ejército romano.
Una de las acepciones que el DRAE
da para la palabra diezmar es “castigar a uno de cada diez cuando son
muchos los delincuentes o cuando son desconocidos entre muchos” Para
encontrar el origen de este significado hay que remontarse, de nuevo, al
Imperio Romano, en concreto al peor castigo que podían sufrir las legiones. Si
una legión era considerada culpable de cobardía, de abandono ignominioso del
campo de batalla o de amotinamiento, se podía imponer la pena de la decimatio (diezmo). Diezmar una legión
consistía en matar a uno de cada diez legionarios. Divididos en grupos de diez,
los soldados debían echar a suertes, sin distinción de rango, quien era el
desafortunado que iba a morir y el elegido era ejecutado por los otros 9 a
palos o lapidado. Si se negaban podían ser condenados todos y una vez pronunciada
la “sentencia” los legionarios no podían apelar a nadie ya que el general al
mando de una Legión era la máxima autoridad y gozaba de plenos poderes sobre sus
hombres. Este castigo nunca fue habitual
ya que resultaba contraproducente por desmoralizante y es que lo de moler a
palos a un compañeros no contribuía a levantar el ánimo de nadie y predisponía
a la tropa contra el general que ordenaba la matanza. Aún así hay testimonios
de ello. Durante la revuelta de esclavos liderada por el tracio Espartaco,
entre 73 y 71 a.C., Marco Licinio Craso recibió el mando de seis legiones de
nueva formación que se sumaron a las dos supervivientes de los anteriores
cónsules Léntulo y Gelio, que habían sido derrotadas por Espartaco. Craso
consideró que la derrota frente a una turba de esclavos era una vergüenza para
las armas de Roma y ordenó la diezma de dichas legiones. Una legión de aquella
época venía a constar de unos 5.000 hombres así que podéis haceros una idea de
lo dramático que resultaba el castigo. Cada legión se dividía en diez cohortes
y podía darse el caso de que el castigo se aplicase, exclusivamente, sobre una
de ellas también por sorteo. Los soldados supervivientes debían dormir fuera
del recinto del campamento, con el peligro que ello entrañaba, y se les
cambiaba su ración de trigo por cebada.
viernes, 25 de febrero de 2022
Parte semanal: habla el generalísimo Franco.
Inauguramos así, de la mejor manera posible, nuestro parte semanal en el que tendrán ustedes conocimiento de todo cuanto acontezca en el mundo y en nuestra querida patria.
miércoles, 23 de febrero de 2022
Ortemius, el sabio loco.
Ortemius, que ya era viejo cuando mi
abuelo era un joven, siempre me dijo que para saber hay que ser paciente y
estar dispuesto a no avanzar ni un solo paso. En la aparente quietud de la
inmovilidad de las cosas y en la perseverancia, repetía, está el conocimiento. Durante
muchos años no entendí aquella sentencia en la que se basa el ancestral saber
alquímico.
Antes
de que los Grandes Pesares asolaran estas tierras, Ortemius ya era conocido
como el sabio loco y es curioso cómo entre la gente siempre pesó más lo segundo
que lo primero. Veían en él a un orate y no al hombre sabio que era. No digo
que no estuviera loco, que sin duda lo estaba, pero su locura era una locura
sincera y bondadosa, repleta de un conocimiento y de una sapiencia que él estaba
dispuesto a compartir con quien lograse descifrar su intrincada y compleja
mente. Supongo que para eso hacía falta paciencia y algo de suerte. Él, sin
embargo, no se tenía por loco, se veía más bien como un profeta que ha olvidado
su mensaje y por eso ansiaba tanto encontrar a alguien que le entendiese y
pudiese descifrarle. Hablar con Ortemius, el sabio loco, era como leer un libro
escrito en una legua desconocida en una habitación en penumbra. Era emocionante
e inspirador. Terrorífico y desesperante.
La vida de
Ortemius no debería caer en el olvido y es por ello que me dispongo a narrarla
en las páginas que vais a leer a continuación. Lo haré sin aparente orden ni
concierto, pues así funcionaban mi maestro y su intrincada mente, aunque con el
tiempo aprendí que con él, con Ortemius, nunca nada sucedía por azar y todo
escondía un significado oculto. Si desesperas en la lectura de estas memorias
que yo, un humilde aprendiz, pretendo relatar, es que sencillamente no estás
preparado para comprender al sabio loco y su mensaje. Tal vez ni yo mismo lo
esté, quién sabe. He aquí la historia, las historias, de Ortemius el más grande
hombre que fue, es y será. El discípulo que se convirtió en maestro. El maestro
que alcanzó la sabiduría tras abandonar la razón. El sabio que se tornó en
loco. El loco que me devolvió la cordura.
martes, 22 de febrero de 2022
De casas y casados
La palma sin duda se la lleva en los últimos días cierto partido putativo que al parecer no se casa con nadie, o sí, depende de a quién preguntes. Y digo lo de putativo, por que si un padre lo es, putativo, es porque se le tiene por tal... sin serlo. Pues lo mismo le pasa al partido en cuestión, y yo diría que a todos en general, que a lo mejor alguien lo tenía por el partido de sus votantes o como mínimo de sus militantes... sin serlo. Los partidos se casan y este partido putativo no es una excepción, esta casado. Y si pensaban ustedes que lo de contraer matrimonio era cosa solo de personas, se equivocan. Otra cosa es que la unión, el desposorio, tenga un futuro más bien incierto aunque en estos del matrimonio ya se sabe que cualquier cosa es posible.
Se conoce que al Casado le place la frase que otro de las Casas, de nombre Bartolomé, pronunció en su día "Rex qui sedet in solio iudicii, dissipat omne malum in tuito suo" que traducido al román paladín, sin duda más vulgar pero más inteligible para la gran mayoría de nosotros, quiere decir "El Rey que está sentado en el solio del juicio disipa todo mal con su mirada"
Y ahí anda cual Quijote, don Pablo, mirando fijamente a quién sabe dónde y pensando quién sabe qué. Mirando para disipar un mal que no parece querer disiparse, un mal que entre unas y otros han esparcido como la mierda esa del ventilador, haciéndonos un flaco favor a los españoles en general, hasta a los más alejados ideológicamente del partido putativo este. Porque al final, y según nos venden esto de la democracia, los partidos ya sean putativos o legítimos, deberían ser la casa de los ciudadanos, el edificio en el que deberían habitar nuestros deseos, anhelos, exigencias, dudas, proyectos... el lugar en el que a través de unos individuos de profesión políticos (permítanme ustedes el uso del masculino genérico, que siendo lo correcto, no implica discriminación ni mala fe de ningún tipo, más bien ahorro y buen hacer gramatical) deberíamos ver como esos programas, esas propuestas que lanza cada casa, intentan llevarse a cabo y nuestros problemas, los del día a día, que son los que al final más agobian, intentan ser solucionados. Pero no...
Esto de la democracia es como el trayecto en carruaje que llevó al bueno de Jonhatan Harker al castillo de cierto conde con una desmedida afición por la sangre: "Bienvenido a mi casa, entre libremente por su propia voluntad y deje parte de la alegría que trae consigo" Así, así te reciben en un partido político de esos y al final te das cuenta de que lo que has dejado no es una parte de la alegría que traías contigo, sino la Fe en un sistema disfuncional y a la deriva. Un sistema que como una casa en ruinas no parece tener más arreglo que el derribo total.
RELAJAR: no es oro todo lo que reluce
Si preguntamos por ahí que sensaciones experimenta la gente ante el verbo relajar , la mayoría responderá con palabras positivas. Cuando u...
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Si preguntamos por ahí que sensaciones experimenta la gente ante el verbo relajar , la mayoría responderá con palabras positivas. Cuando u...
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En unos meses espero tener publicada mi primera novela, un delirio sin sentido que seguro os va a encantar, os dejo un anticipo que no ser...
